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Cómo elegir las cuotas de la cartera
En la inversión no podemos dirigir los precios futuros. Sí podemos decidir a dónde va el dinero y cuánto entra en cada parte de la cartera.
Eso se llama asignación de activos.
Son varias decisiones unidas: qué cuota a las acciones, qué cuota a los bonos, qué países incluir y qué empresas estarán dentro.
No hay una proporción universal que de antemano sea la más rentable para todos. Hay principios que ayudan a elegir con sentido.
1. Primero la estructura, luego las compras
Un activo es aquello en lo que está el dinero. Una clase de activos es un grupo de colocaciones con rasgos comunes.
Los grupos principales incluyen acciones, bonos e instrumentos de vivienda. Hay otras categorías llamadas colocaciones alternativas.
La lista de compras aún no explica la cartera. Importan las cuotas: qué parte de todo el capital cae en cada tipo de colocación.
Si una clase ocupa la mayor parte del dinero, su conducta marcará el resultado total.
Por eso la asignación es una de las decisiones principales. Fija el carácter de la cartera antes de elegir instrumentos concretos.
2. No todo riesgo da derecho a esperar más ingreso
Suele ligarse una mayor rentabilidad esperada a aceptar riesgo. De ahí no se sigue que cualquier decisión arriesgada deba pagar más.
Conviene separar dos tipos de riesgo.
Riesgo del mercado en conjunto. Al comprar acciones de un círculo amplio de empresas, aceptas la incertidumbre del mercado bursátil. El valor puede caer. Por aceptar ese riesgo se espera una recompensa a largo plazo.
Riesgo de una apuesta suelta. Si el capital se concentra en un tramo estrecho, aparece una dependencia extra de su suerte. La concentración por sí no crea un extra obligatorio de ingreso esperado.
Por eso la capacidad de aguantar riesgo hay que usarla con sentido.
La pregunta no es solo cuánto pueden abaratar las colocaciones. Hay que ver por qué aceptar precisamente este riesgo debería estar justificado.
3. El mercado amplio es la base de la asignación
Una forma de depender menos de empresas sueltas es poseer un conjunto amplio de acciones a través de un fondo índice.
Un fondo índice sigue un índice de mercado. Un fondo de mercado amplio da participación en muchas empresas a la vez.
Cubrir muchas empresas de un país aún no es cubrir el mercado mundial.
Por eso el siguiente nivel de asignación es geográfico.
En la cartera se pueden mezclar acciones de países distintos, mercados desarrollados y emergentes. Sus resultados no coinciden del todo.
Eso reduce la dependencia de cómo vaya un solo región.
Una asignación amplia no exige adivinar de antemano el país ganador.
4. Por qué no basta elegir el mercado más exitoso
En un gráfico histórico un país a veces luce mejor que una cartera global.
Nace la tentación: ¿para qué repartir si se puede poner todo en el más exitoso?
El problema es que ese éxito ya se conoce. La decisión para el futuro se toma sin saber el próximo ganador.
Buenos resultados pasados no prueban por sí que la ventaja se mantenga.
Por eso en la asignación geográfica no hay una sola proporción correcta conocida de antemano. Se puede elegir un conjunto razonable con alcance global, pero no garantizar que esas cuotas sean las mejores.
La historia ayuda a ver la conducta de los mercados. No convierte el futuro desconocido en una respuesta lista.
5. Por qué los impuestos también mueven las cuotas
Los inversores no siempre reparten el capital entre países en proporción estricta al tamaño de sus mercados.
La causa pueden ser los impuestos.
El mismo ingreso antes de impuestos puede dejar un resultado distinto después. Por eso, manteniendo un reparto internacional, a veces conviene tener en cuenta los rasgos fiscales de algunas colocaciones.
Esos rasgos dependen del país del inversor y de cómo están hechas sus cuentas. Una proporción ajena puede estar calculada para condiciones que tú no tienes.
Por eso una cartera lista conviene estudiarla junto con la explicación de su composición.
Importa entender por qué se eligieron esas cuotas, no copiarlas.
6. Qué tarea cumplen los bonos
Los bonos suelen añadirse para bajar el riesgo de la cartera y hacerla más calmada.
Los bonos menos arriesgados suelen tener menor rentabilidad esperada que las acciones.
Por eso subir su cuota suele ser un trueque: menos oscilaciones, pero también menos potencial de crecimiento.
A veces, en un tramo histórico, los bonos muestran una mezcla muy atractiva de rentabilidad y riesgo. Hay que mirar las condiciones de ese periodo.
Una bajada larga de tipos, por ejemplo, puede sostener mucho la rentabilidad de los bonos. No se puede esperar automáticamente que se repita.
Los bonos se eligen por la tarea de la cartera. Un tramo pasado afortunado no es promesa de rentabilidad futura.
7. Cómo elegir la proporción de acciones y bonos
Conviene separar tres preguntas.
¿Puedo aceptar el riesgo?
Es una pregunta de margen financiero. ¿Permiten las circunstancias aguantar una caída sin romper planes importantes?
¿Estoy dispuesto a aceptar el riesgo?
Es una pregunta de cómo vives las pérdidas y la incertidumbre.
Poder aguantar las oscilaciones con el dinero no significa que sea fácil de ánimo.
¿Necesito aceptar ese riesgo?
Es una pregunta de fin.
Un alto ingreso potencial atrae, pero el riesgo elegido debe tener sentido para el resultado que quieres.
Esas tres respuestas ayudan a fijar las cuotas de acciones y bonos según tus circunstancias.
Dos personas con la misma suma pueden acabar con carteras distintas y adecuadas. Cambian sus márgenes, preferencias y fines.
8. La asignación dentro de las acciones también cuenta
Aunque ya hayas elegido países y la cuota de acciones, el trabajo con la estructura no termina.
Las empresas se diferencian por tamaño, valoración de mercado y rentabilidad. Esos rasgos pueden ligarse a diferencias de rentabilidad esperada.
En la investigación esas fuentes de diferencia se llaman factores.
Para empezar bastan cuatro ideas.
El mercado. Participar en el resultado general del mercado bursátil.
Tamaño de las empresas. La diferencia entre acciones de grandes y de pequeñas.
Valor, o value. Una valoración de mercado relativamente baja frente a las cifras financieras. «Barata» aquí no es solo un precio pequeño de una acción.
Rentabilidad. Diferencias en lo lucrativo que opera la empresa.
Es otra mirada a la asignación. No solo en qué país está la empresa, sino qué rasgos económicos tiene.
9. Qué significa añadir un factor a la cartera
Un fondo de mercado amplio ya puede incluir empresas pequeñas y relativamente baratas.
Su sola presencia no significa que la cartera esté orientada a esos rasgos a propósito.
El sesgo factorial aparece cuando esos grupos reciben más peso del que tienen en la estructura de mercado habitual.
El inversor cambia la asignación a conciencia.
Es una decisión aparte y pide comprensión. El nombre «factorial» no mejora la cartera por sí.
La investigación y los cálculos históricos dan motivo para considerar el enfoque. Las ventajas esperadas no son un extra garantizado de rentabilidad.
Además, construir el reparto deseado no siempre es fácil: los instrumentos adecuados no siempre están a mano.
10. Por qué una cuota aparte de vivienda no es obligatoria para todos
Se puede invertir en vivienda a través de REIT: empresas y fondos que trabajan con inmuebles.
Un nombre más en la lista de activos no prueba que haya aparecido una fuente totalmente nueva de riesgo e ingreso.
La conducta de los REIT puede explicarse en parte por los mismos factores ya presentes en acciones y deuda.
Por eso una cuota aparte de vivienda no es pieza obligatoria de cualquier cartera.
Hay que ver qué añade de verdad a la estructura que ya tienes.
El principio general: una compra nueva se valora por su papel en toda la cartera.
Por qué no basta un cálculo histórico bonito
Añadir otra categoría a veces mejora la rentabilidad pasada o reduce las oscilaciones en el gráfico.
El instrumento puede tener otros rasgos que ese cálculo no muestra.
Por eso el resultado histórico es solo parte de la valoración. No sustituye entender qué compras y cómo está hecha la colocación.
La complejidad de la cartera no es una ventaja por sí.
Cómo construir la decisión
La asignación se ve mejor por etapas.
Primero define qué riesgo puedes, quieres y consideras necesario aceptar.
Luego elige la proporción de acciones y bonos.
Dentro de las acciones, piensa el alcance de distintos países. Después valora si hacen falta sesgos extra por rasgos de empresa y otras categorías.
Cada parte necesita una respuesta clara: por qué está y qué cambia en el conjunto.
De antemano no se conoce la única asignación ideal. Sí se puede elegir una estructura basada en una lógica clara, tus circunstancias y lo que sabes del riesgo.
Una cartera razonable es aquella cuyas cuotas puedes explicar antes de conocer el resultado.